“Cants del record”

Una gran emoción recorre todo mi ser mientras comienzo a trazar estas líneas. Una emoción sincera y sentida. Una emoción que sin duda va a acompañar la creación de estas sencillas líneas de homenaje a un músico extraordinario…

El ser humano tiende a asumir dos comportamientos contrapuestos, pero que ambos conviven dentro de nosotros. Según el momento y el lugar aparecen uno u otro. Uno es aquél que como decía Antonio Machado: “el hombre que desprecia cuanto ignora…” Es decir, aquel que desecha por no encajar en su esquema de pensamiento toda costumbre, creencia, manifestación artística, gusto, religión, forma de vivir o simplemente la forma de concebir la existencia ajena. Pensar que todo aquello que es “de fuera” o se escapa de nuestro círculo de “confianza” es simplemente peor, y en el caso musical resulte de menos mérito. Después está la otra cara de la moneda psicológica y sociológica. Todo “lo de fuera” casi siempre es extraordinario y merece nuestra reverencia y consideración. ¿Cómo vamos a pensar que a nuestro lado puede caminar un ser extraordinario? ¡Si así lo fuere, estaría en el extranjero, en grandes orquestas y célebres conservatorios! Claro está, ¿Cómo no admirar a Mozart, Beethoven, Puccini, Rachmaninoff, Chopin, Liszt o Wagner? ¡Qué gran sacrilegio! Y es que nadie duda del altar al que un día todos estos grandes maestros se consagraron hacia el noble arte de la música, creando tras de sí un reino grandioso del cual todos gozamos. Pero hoy no he venido a hablaros de todos ellos. Y es que lo extraordinario no solo se encuentra más allá de nuestras fronteras y latitudes. En ocasiones lo tenemos a la vuelta de la esquina. Y al igual que Mozart, que nació en una pequeña ciudad austriaca llamada Salzburg, nació en otra más pequeña si cabe nuestro protagonista de hoy. A unos 18 kilómetros de la ciudad de Alicante se erige entre montañas el municipio de Agost. Tierra de alfarería, agricultura, tradiciones y música…

La genialidad, originalidad y frescura de la música de nuestro protagonista de hoy, pertenece a ese pequeño olimpo reservado a los grandes hombres. A Aquellos que lograron ascender el altar del arte del que os hablaba, sin empuñar daga alguna ni pervirtiendo el lenguaje sagrado que los dioses de ese edén entregaron a su elegido para gloria de estos.
Su persona me trae numerosos recuerdos, algunos tan lejanos como a mis primeros meses de vida. ¿Tan lejanos?, sí. Él fue alguien que tuvo en brazos a quien os habla en este momento mientras yo no tenía más empresa que lloriquear y recibir afecto.

Aquí, en brazos de mi madrina Rocío y a su derecha mi padrino Juan Manuel Molina Millá.

Aquí, en brazos de mi madrina Rocío y a su derecha mi padrino Juan Manuel Molina Millá.

En ese mismo instante él había creado ya algunas de sus grandes obras para ese olimpo. Tal vez en silencio y en secreto ya admiraba yo junto a sus brazos a ese hombre. ¿Quién fue él? Él fue mi padrino de bautismo y amigo de la familia. El gran compositor Juan Manuel Molina Millá.

Su extensa y exitosa carrera profesional es por todos conocida y reconocida. Son muchísimas las composiciones que nos regaló, muchas de las cuales fueron aclamadas y premiadas en numerosos concursos de composición. También fue él alguien que me influenció en gran medida a meditar y reflexionar mis propias composiciones. Fue quien inconscientemente me transmitió a través de sus obras el valor de la constancia y poner en valor la calidad a la cantidad y ante todo, considerar el arte de la composición como algo sagrado y que precisa de la paciencia y amor del alfarero. Si habéis leído mi post “A fuego lento” comprenderéis de lo que os hablo.

A fuego lento…

Como antes os decía, su persona me trae muchos recuerdos, muchos de la niñez y la adolescencia. Él era alguien de una simpatía arrolladora y contagiosa. Su figura me trae infinitos recuerdos de comidas familiares en Mutxamel junto a mi familia, en su llamada “la caseta del Mestre” en Agost, en su apartamento en la playa de San Juan o conversaciones durante los descansos de los conciertos de la Banda Sinfónica Municipal de Alicante de la que él era miembro como trompetista. Aún recuerdo la sala donde estaba su piano en el citado apartamento en la playa y cómo yo le mostraba mis primeras obras. Y como hoy va todo de recuerdos, el título de este post hace referencia a una obra que me apasiona y que considero genial. Una composición a la altura del mismísimo D. Manuel de Falla. No exagero en absoluto, creedme.Una obra que hizo nacer y crecer mi admiración por él. La obra en cuestión es: “Cants del record”. Aún recuerdo cuando la escuché por primera vez.

Juan Manuel Molina sentado al piano componiendo con una foto de Manuel de Falla al fondo...

Juan Manuel Molina sentado al piano componiendo con una foto de Manuel de Falla al fondo…

Las primeras armonías de corte impresionista del comienzo recorrieron mi cuerpo e inundaron mi alma de una certeza: “Para mí, él pertenece al olimpo de los grandes”. Alguien que reúne lo que sin duda para mí sígnica ser un Maestro con mayúsculas: Amor a la música, pasión por ella y oficio en ella cuál alfarero.

El mundo musical está en deuda contigo querido Juan Manuel. Tal vez algún día se reconozca la grandeza y sinceridad de tus obras. Yo poseo dos honores. El primero es poder decir que he sido ahijado de Juan Manuel Molina Millá. La segunda es amar y admirar tus obras con todo mi corazón. Allá donde estés, recibe un gran abrazo de alguien que te admiró, te admira y admirará eternamente…



3 respuestas a ““Cants del record””

  1. Juan Manuel Molina fue un grande de la Música y por siempre sus obras quedarán en uno de lugares más altivos con diferencia dentro de nuestro mundo musical.De su padre le vino el talento que el heredó con jovencísima edad.Hay un gracioso anécdota de su padre,que cuándo entraba al aseo salía con un pasodoble compuesto ,así que de raza le viene al galgo. DESCANSA EN PAZ AMIGO ( QUERIDO MAESTRO)

  2. Miryam dice:

    Maestro, una vez más, gracias por regalar a través de las palabras tus sentimientos y alabanzas hacia tu admirado Juan Manuel Molina Millá. Queda reflejada: tu alma generosa, que honra con sencillez y no menos pasión el amor por la Música y sus Maestros. Para mí, tú también eres uno de los Elegidos de "ese Olimpo" , y por ello me rindo ante Vos y ante la Belleza que en tus manos se crea. Gracias por dar tanto y tan grande. Los dioses te sonríen y yo como simple mortal te admiro, y estaré eternamente agradecida por haberme emocionado el alma. Gracias Maestro de corazón.

  3. Jezabel dice:

    Q bonitas palabras Héctor….me has emocionado……gran músico …gran persona….un abrazo!!!

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