Héctor Plácido

Arthur Rubinstein una vez dijo: “Soy un hombre feliz por tener una profesión que me permite viajar tanto. Y también puedo hablar de fortuna al decir que soy pianista. Un gran instrumento el piano, lo suficientemente grande para no poder llevárselo. En lugar de practicar puedo leer, comer, beber y dedicarme a otras actividades. ¿No soy un hombre afortunado?”

Pues bien, yo también puedo decir alto y claro que soy un hombre afortunado, ¡inmensamente afortunado! Quiero gritarlo a los cuatro vientos y compartir con todos vosotros esto que me impulsa a actuar, a crear, a imaginar,… Porque como siempre se ha dicho: “conocerás a una persona en la medida que conozcas cuáles son sus anhelos”.

Me llamo Héctor Plácido y este es mi viaje particular. Cada día me mueve el anhelo de tocar las almas de las personas, vivir experiencias con ellas, y el piano es el vehículo que me ayuda a ello. Sentado al piano, todo me envuelve, dejo de ser fuera para ser en él; en él vivo y él, permanentemente, vive en mí.

El piano es mi compañero de travesía, de eso que llamamos vida, y conoce mucho más de mí de lo que yo apenas pueda sospechar. Y así es… Él es capaz de transformar el pensamiento más triste en consuelo y el más alegre en dichoso. Todos, sin saberlo, tenemos un piano en el interior; con sus teclas blancas y negras. ¡Démosle voz! ¡Saquémoslo a la calle y compartámoslo con los demás! Con él, he vivido las sensaciones más maravillosas que un ser humano pueda experimentar con otro: el entusiasmo por estar vivos y maravillarse por todo lo que nos rodea.

El piano es mi pasión, mi vida, lo es todo para mí. Franz Liszt decía que: “El piano concentra y resume en él el arte en su totalidad”. Ese sentimiento me atrapa muchas veces cuando interpreto: la sensación de totalidad. El pianista es una orquesta con todos y cada uno de sus diferentes intérpretes. Debe saber dialogar y pactar con todos ellos. Sus manos ponen voz a sus inquietudes individuales, aspiraciones y sensibilidades propias para fundirse en un todo armonioso.

Esa es la magia del pianista, la de ser capaz de construir puentes y tocar las almas de los seres humanos. Nada nos es ajeno. Tan es así que, en mi vida profesional, no pongo límites. Actualmente, me dedico a la enseñanza y a la dirección coral. Como músico, me entrego con gran pasión tanto a piezas clásicas de Mozart, Beethoven, Chopin, entre otros, como a la ópera, a la zarzuela, al bolero, al tango, a la música cinematográfica o al pop. ¡En la variedad está el gusto!

En esta web, os muestro mi andadura profesional y mis proyectos musicales como concertista de piano. Os invito a acompañarme en esta fantástica aventura que es mi vida y viváis conmigo la pasión que siento por la música y el piano, ese instrumento que llevo en el corazón y el alma. ¿Venís conmigo?